domingo, 28 de abril de 2019

Enfermedad por reflujo gastroesofágico y rinosinusitis crónica

Enfermedad por reflujo gastroesofágico y rinosinusitis crónica
Según los resultados del estudio realizado en una cohorte de Corea, representativa de la población general, los pacientes con rinosinusitis crónica tienen más riesgo de presentar enfermedad por reflujo gastroesofágico
Autor: Kim S, Park B, Choi H y colaboradores Int Forum Allergy Rhinol. 2018 Dec 10.
La pirosis es el síntoma característico de la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), secundaria al reflujo del contenido ácido gástrico del estómago en el esófago.
La prevalencia de ERGE varía según la región, de 18.1% a 27.8% en los Estados Unidos, 8.8% a 25.9% en Europa, 2.5% a 7.8% en Medio Oriente y 4.6% a 7.3% en Corea.
Entre los mecanismos que participan en la fisiopatogenia de la ERGE se destaca la disminución de la presión del esfínter esofágico inferior, el retraso de la depuración del contenido del esófago y la mayor “distensibilidad” (compliance) de la unión esofagogástrica.
La ERGE puede asociarse con síntomas extraesofágicos, entre ellos asma, laringitits, derrame de oído medio y neumonía.
La inflamación de la nariz y los senos paranasales que persiste más de 12 semanas define la rinosinusitis crónica (RSC), cuyos síntomas principales incluyen la congestión nasal, la rinorrea, el drenaje en orofaringe, el dolor facial y los trastornos del olfato. En estudios previos de Corea, la prevalencia de RSC en la población general fue de 1% a 6.2%.
La posible asociación entre la ERGE y la RSC sigue siendo tema de controversia. La ERGE puede ocasionar RSC de manera directa, mediante la introducción de ácido, pepsina y contenidos gástricos en la cavidad nasal, o por mecanismos indirectos, por medio de la estimulación del sistema nervioso autónomo.
Sin embargo, según algunos grupos, la ERGE también podría ser consecuencia de la RSC y, de hecho, la rinorrea, el drenaje posnasal y la congestión nasal pueden motivar síntomas de reflujo. En el presente estudio se analizó el riesgo de ERGE en pacientes de Corea con RSC.
Pacientes y métodos
Se utilizaron los datos del Korean National Health Insurance Service – National Sample Cohort (NHIS-NSC). El Korean National Health Insurance Service (MHIS) permite seleccionar, sin error, muestras de la población general; los datos seleccionados se clasifican en diferentes categorías según la edad, el sexo, y los ingresos económicos de modo que la muestra sea representativa de la población general. Para el presente estudio, los tratamientos se identificaron con el sistema del Health Insurance Review & Assessment (HIRA).
Se identificaron los pacientes que recibieron tratamiento para la RSC en dos oportunidades o más y que habían sido sometidos a tomografía computarizada de cabeza y cuello; los participantes fueron seguidos hasta por 12 años (n: 34 572).
Entre los enfermos con diagnóstico de ERGE entre 2002 y 2013 se seleccionaron aquellos individuos tratados en, al menos, dos ocasiones y que recibieron inhibidores de la bomba de protones (IBP) durante 2 semanas o más (n: 137 807).
Se consideraron 4 controles sin RSC por cada paciente con RSC, comparables en edad, grupo, sexo, ingresos económicos, lugar de residencia y antecedentes clínicos; en los análisis finales se comparó la frecuencia de ERGE en 23 489 enfermos con RSC y 93 956 controles sin RSC.
Inicialmente, los pacientes se clasificaron en 14 categorías por edad (desde 20 a 24 años hasta 85 años o más), 41 grupos en función de los ingresos económicos y 16 grupos según el área de residencia. Se estimaron los odds ratios (OR) de ERGE en modelos crudos y con ajuste, con intervalos de confianza del 95% (IC 95%).
En los análisis por subgrupos se consideraron los pacientes de menos de 40 años, los sujetos ≥ 40 años a < 60 años y los pacientes ≥ 60 años, como también los hombres y las mujeres por separado. Los valores de p < 0.05 se consideraron estadísticamente significativos.
Resultados
El índice de ERGE fue más alto en los pacientes con RSC (17.1%; 4020 de 23 489), en comparación con el grupo control (9.1%; 8522 de 93 956; p < 0.001).
Las características generales (edad, sexo, ingresos económicos, lugar de residencia, hipertensión arterial, diabetes y dislipidemia) fueron iguales en ambos grupos, pero la prevalencia de enfermedad cardíaca isquémica, accidente cerebrovascular y depresión fue más alta en los pacientes con RSC (p < 0.05 en todos los casos).
En los pacientes con RSC, el OR crudo y con ajuste de ERGE fue de 2.07 (IC 95%: 1.99 a 2.16) y de 2.04 (IC 95%: 1.96 a 2.13), respectivamente (p < 0.001 en ambos casos).
En los análisis por subgrupos, los OR crudos y con ajuste de ERGE fueron más altos entre los pacientes con RSC (p < 0.05 en cada caso): OR ajustado de 3.07 (IC 95%: 2.63 a 3.58) en los hombres de menos de 40 años; 2.27 (IC 95%: 2.0 a 2.58) en las mujeres de menos de 40 años; 1.95 (IC 95%: 1.77 a 2.16) en los hombres de 40 a 59 años; 2.01 (IC 95%: 1.85 a 2.17) en las mujeres de 40 a 59 años; 1.75 (IC 95%: 1.56 a 1.96) en los hombres de 60 años o más, y 1.98 (IC 95%: 1.98 a 2.17) en las mujeres de 60 años o más.
Discusión
Según los hallazgos del presente estudio, los OR de ERGE fueron más altos en los pacientes con RSC, respecto de los enfermos sin RSC; los resultados fueron similares en las diferentes categorías de edad y en los hombres y las mujeres, y semejantes a los referidos en estudios previos.
En un metanálisis reciente de 4 estudios experimentales y epidemiológicos se analizó la posible relación entre la ERGE y la RSC. En un estudio que aplicó monitorización dual de pH en 24 horas se encontró una mayor incidencia de reflujo ácido faríngeo en los enfermos con RSC, en comparación con el grupo control.
En otro trabajo, los pacientes con RSC tuvieron significativamente más eventos de reflujo nasofaríngeo respecto de los participantes del grupo control, en tanto que en otra investigación, todos los pacientes con RSC refractaria luego de la cirugía tuvieron resultados positivos para pepsina en las muestras de lavado nasal.
En el estudio restante, 4 de 12 enfermos con RSC, pero ningún control, tuvieron Helicobacter pylori en la mucosa de los senos paranasales.
La relación controvertida entre ambas entidades podría obedecer, en parte, a sus etiologías superpuestas. El reflujo puede ocasionar rinitis vagal o activar reflejos neurales en la cavidad nasal.
La estimulación esofágica con solución salina o ácido clorhídrico estimula la producción nasal de moco y disminuye la permeabilidad de la cavidad nasal.
Por otra parte, la tos –como síntoma de la RSC– puede agravar las manifestaciones clínicas de la ERGE, mientras que el tabaquismo es un factor que agrava los síntomas de la RC y la ERGE. En un estudio, los IBP se asociaron con reducción de los síntomas atribuibles al drenaje posnasal.
La amplia cohorte analizada y su representatividad fueron ventajas del estudio, mientras que la falta de consideración de la gravedad de la ERGE en los pacientes con RSC fue una limitación para tener en cuenta; tampoco pudieron evaluarse otros posibles factores de confusión, como la obesidad, el tabaquismo y los hábitos nutricionales.
Cabe destacar, por último, que el estudio no permite confirmar un mecanismo fisiopatológico para la vinculación entre la ERGE y la RSC, ya que solo se estimaron los OR.
En conclusión, el riesgo de ERGE parece ser más alto en los pacientes con RSC, y dicho riesgo sería semejante en todos los grupos por edad y en los pacientes con RSC, y dicho riesgo sería semejante en todos los grupos por edad y en los pacientes de ambos sexos.
SIIC- Sociedad Iberoamericana de Información Científica

miércoles, 24 de abril de 2019

Infección por Helicobacter pylori

Infección por Helicobacter pylori
Presentamos un caso clínico, la evidencia que apoya diversas estrategias y las recomendaciones de las guíasAutor: Crowe SH N Engl J Med 2019; 380:1158-65
Resumen
  • La infección por H. pylori es frecuente.
     
  • Se recomienda investigarla en pacientes con úlcera péptica, cáncer gástrico o linfoma de tejido linfático asociado con la mucosa gástrica (MALToma) así como también en pacientes con dispepsia, empleo prolongado de antiinfalmatorios no esteroides (AINE) o aspirina, anemia ferropénica inexplicada y trombocitopenia inmune.
     
  • Las pruebas más comunes son el antígeno del Helicobacter pylori en la materia fecal y la prueba del aliento con urea. Varios tratamientos son posibles, siendo los más empleados el basado sobre la claritromicina y el basado sobre el bismuto.
     
  • Es esencial documentar la erradicación de la infección repitiendo las mismas pruebas diagnósticas un mes después de finalizado el tratamiento. Si es necesario volver a tratar se recomienda evitar el empleo del mismo tratamiento.

Caso clínico
 Una mujer de 32 años, emigrada de Europa del Este, es evaluada debido a dolor epigástrico persistente y distensión abdominal.
• Una evaluación anterior mostró resultados normales del hemograma completo, las pruebas metabólicas y las pruebas serológicas para enfermedad celíaca.
 La prueba serológica para Helicobacter pylori IgG fue positiva.
• Se trató a la paciente con 20 mg de omeprazol, 1 g de amoxicilina y 500 mg de claritromicina, todos dos veces al día durante 10 días, pero sus síntomas persistieron.
> ¿Qué otras pruebas y tratamiento indicaría para esta paciente?
El problema clínico
La infección con Helicobacter pylori es frecuente, habitualmente de por vida y se encuentra en todo el mundo. Estudios sugieren que las tasas de infección varían según la zona geográfica, pero la cantidad de personas infectadas persiste o incluso ha aumentado durante las últimas tres décadas debido al crecimiento de la población y a la reinfección y el recrudecimiento causado por el fracaso de su erradicación.
La baja condición socioeconómica es un factor de riesgo para la infección con H. pylori debido a que se asocia con mayor hacinamiento, que favorece la transmisión intrafamiliar. También se puede producir infección iatrogénica durante las endoscopias.
Aunque la mayoría de las personas infectadas son asintomáticas, la infección se ha relacionado con varios trastornos, en especial con la úlcera péptica y la dispepsia no ulcerosa.
La evidencia muestra que el tratamiento para erradicar el H. pylori puede disminuir los riesgos de ambos, aunque los datos para la dispepsia no ulcerosa son menos sólidos.
El cáncer gástrico también se ha asociado estrechamente con la presencia de H. pylori. En un estudio realizado en Japón, con una media de seguimiento de 7,8 años, el 2,9% de los pacientes con úlcera péptica, dispepsia o hiperplasia gástrica que tenían infección por H. pylori, sufrieron cáncer gástrico, mientras que no se detectó ningún caso en pacientes con estos trastornos, pero sin infección.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó al H. pylori como un carcinógeno grupo 1 que conduce al adenocarcinoma gástrico. Además de Japón, las zonas con aumento de la incidencia de cáncer gástrico atribuible a esta infección incluyen a Medio Oriente, el sudeste de Asia, el Mediterráneo, Europa del este, América Central y Sudamérica.
  • Los inmigrantes que crecieron en zonas del mundo con alta incidencia de infección con H. pylori y que ahora viven en los E.E.U.U. o Europa Occidental, también tienen mayor riesgo de cáncer gástrico.
     
  • Otra neoplasia causada por la infección crónica con H. pylori es el linfomade tejido linfático asociado con la mucosa gástrica (MALToma) — mucho menos frecuente que la úlcera péptica o el adenocarcinoma gástrico.
Otras enfermedades fuera del tubo digestivo también se asociaron con la infección con H. pylori.
  • La asociación observada con la enfermedad coronaria probablemente refleja factores de riesgo compartido, como la pobreza y la nutrición subóptima.
     
  • La anemia ferropénica inexplicada y la trombocitopenia inmune se asociaron con la infección con H. pylori. Aunque no se sabe bien la patogénesis, informes de que con el tratamiento de la infección con H. pylori aumentaban los valores de hemoglobina o de plaquetas, respectivamente, sugieren relaciones causales.
Estrategias y evidencia
Pesquisa y diagnóstico
Véanse las indicaciones para la pesquisa y el tratamiento de H. pylori (si la pesquisa es positiva) en el cuadro 1.
El examen histológico directo (invasivo) de la biopsia de mucosa gástrica se emplea para el diagnóstico de infección con H. pylori en pacientes con indicaciones de endoscopia, como dolor epigástrico, adelgazamiento, anemia ferropriva, dispepsia con síntomas de alarma (véase cuadro 1) o en pacientes de 60 años o más. Si la persona proviene de una zona con mayor incidencia de infección y cáncer gástrico, este examen se debe efectuar a menor edad, según las recomendaciones locales (por ej., <35 años en China).
El examen histológico directo también se recomienda en pacientes con empleo prolongado de aspirina o antiinflamatorios no esteroides (AINE), para quienes está indicada la endoscopia. Esto asegura que el tratamiento de la úlcera péptica inducida por AINE no se complique con infección.
La sensibilidad y especificidad de la detección histológica del H. pylori en los tejidos gástricos puede sobrepasar el 95%, siempre y cuando las muestras y la interpretación sean apropiadas. La endoscopia también se emplea para determinar la erradicación de la infección, pero habitualmente se la repite solo cuando las úlceras son persistentes, para confirmar la cicatrización de una úlcera gástrica o tras la extirpación del cáncer gástrico incipiente o el MALToma.
Las pruebas no invasivas se recomiendan para pacientes en quienes no está indicada la endoscopia pero que tienen trastornos asociados con la infección (por ej. antecedentes de úlcera péptica, anemia ferropénica inexplicada o trombocitopenia inmune) o que se consideran con gran riesgo de infección o complicaciones de la infección (por ej. pacientes con empleo prolongado de AINE o aspirina). (Cuadro 1).
Cuadro 1. Indicaciones para investigar la infección con Helicobacter pylori, según las guías.*
 • Úlcera péptica activa o antecedentes de úlcera péptica, a menos que se haya erradicado el H. pylori

 • Linfoma de tejido linfático asociado con la mucosa gástrica (MALToma) de escasa malignidad o antecedentes de resección endoscópica de cáncer gástrico incipiente
 • Dispepsia no investigada, con pruebas no invasivas en pacientes <60 años que no tienen síntomas de alarma (por ej. adelgazamiento, dolor abdominal intenso, disfagia, vómitos, hemorragia gastrointestinal y otros. Se recomienda la esófagogastro- duodenoscopia en pacientes ≥60 años si hay síntomas de alarma
 • Empleo prolongaado de aspirina
 • Empleo prolongaado de AINE
 • Anemia ferropénica inexplicada tras una evaluación exhaustiva para otras causas

 • Trombocitopenia inmune en adultos
 • Finalización del tratamiento para infección documentada con H. pylori a fin de confirmarla erradicación; las pruebas se deben efectuar ≥30 días después de finalizar el tratamiento y siempre que el paciente no esté tomando un inhibidor de la bomba de protones
* Guías del American College of Gastroenterology (ACG) y el the Maastricht V–Florence Consensus
Las pruebas no invasivas para la infección activa son:
  • Prueba de antígenos en la materia fecal.
  • Prueba del aliento con urea.
La prueba de antígenos en la materia fecal se emplea para el diagnóstico inicial y para confirmar la erradicación de la infección. La sensibilidad y especificidad de esta prueba son superiores al 92%.
Para la prueba del aliento con urea se administra por vía oral urea marcada con un isótopo de carbón (14C o 13C). Si el if H. pylori está presente, la ureasa bacteriana convierte la urea en anhídrido carbónico, que se registra y se compara con un valor basal. La sensibilidad y especificidad de esta prueba es superior al 95%.
Las guías de 2017 del American College of Gastroenterology (ACG)y el Houston Consensus no recomiendan preferentemente una u otra de estas pruebas, pero ambas señalan que el costo de la prueba de antígenos en las heces es mucho menor.
En cambio, las guías de Maastricht V–Florencia recomiendan la prueba del aliento con urea debido a que su exactitud para detecta la infección es algo mayor. Todas recomiendan confirmar la erradicación por medio de una de estas pruebas (cuadro 1).
A pesar que los inhibidores de la bomba de protones (IBP) no son antimicrobianos eficaces, tienen efectos supresores sobre el H. pylori y por lo tanto se los debe suprimir entre 2 y 4 semanas antes de las pruebas para infección y antes de confirmar la erradicación por cualquier método.
Las pruebas serológicas para H. pylori IgG ya no se recomiendan para diagnosticar la infección en zonas donde la prevalencia es del 30% o menos.
Tratamiento
> Utilidad para las enfermedades asociadas
La evidencia que apoya la utilidad del tratamiento de la infección con H. pylori en las enfermedades para las que se recomienda su pesquisa sistemática deriva de estudios aleatorizados y estudios de observación.
Una revisión Cochrane de estudios aleatorizados mostró que el tratamiento para erradicar el H. pylori en pacientes con pruebas positivas para esta infección resultaba en menor incidencia de úlcera duodenal (en 34 estudios) o gástrica (en 12 estudios) que cuando no recibían ningún tratamiento.
En 2013 el gobierno japonés inició un programa para pesquisar y tratar la infección con H. pylori . Un estudio de 2017 informó que tras el inicio del programa, el número de pacientes tratados fue más del doble, (aproximadamente 1,5 millones por año), mientras que el número de muertes por cáncer gástrico fue disminuyendo de 50.000 a 45.000 por año. Otros estudios en Asia (Hong Kong, Corea del sur) mostraron también la utilidad del tratamiento.
  • El MALToma (tipo I or II) en etapa temprana se trata eficazmente con antibióticos (ATB) para erradicar la infección con H. pylori.
     
  • El tratamiento en etapas más avanzadas implica cirugía, radioterapia, quimioterapia o la combinación de todas estas intervenciones.
Estudios aleatorizados mostraron que la pesquisa y el tratamiento para la infección con H. pylori en personas que están iniciando o recibiendo tratamiento prolongado con AINE reduce el riesgo de úlcera péptica.
Se recomienda una estrategia similar en personas que reciben aspirina en bajas dosis, ya que datos de observación mostraron que las personas con infección por H. pylori tienen mayor riesgo de hemorragia del tubo digestivo superior que aquellas que no sufren esta infección.
Datos de estudios aleatorizados mostraron aumento de la hemoglobina tras la erradicación del H. pylori. No obstante, un estudio retrospectivo reciente no mostró asociación entre la anemia ferropénica inexplicada y la infección con H. pylori en poblaciones de pacientes ancianos que no tenían úlcera péptica o hemorragia digestiva alta significativa.
> Pautas terapéuticas
Las guías del ACG apoyan el empleo de cualquiera de los siete tratamientos antimicrobianos enumerados en el cuadro 2 como tratamiento de primera línea. Recomiendan tener en cuenta si el paciente tuvo exposición previa a ATB macrólidos (claritromicina, azitromicina y eritromicina) y si es alérgico a la penicilina.
El tratamiento con claritromicina combinado con amoxicilina y un IBP está primero entre las recomendaciones del ACG para pacientes sin antecedentes de antibioticoterapia para la infección y también lo recomienda el Maastricht V–Florence Consensus.
Como la resistencia a claritromicina aumentó en muchas partes del mundo el tratamiento basado sobre el bismuto también se emplea con frecuencia. Los candidatos apropiados son personas que han estado expuestas a un macrólido, son alérgicas a la penicilina o ambas cosas; el triple tratamiento basado sobre claritromicina también se puede emplear en estos pacientes si se reemplaza la amoxicilina por metronidazol. En pacientes con exposición a los macrólidos y alergia a la penicilina, el tratamiento basado sobre el bismuto es prácticamente la única opción. (cuadro 2).
Cuadro 2. Pautas terapéuticas para H pylori basadas en la evidencia.
Tipo de tratamientoComponentesDuración (días)Comentarios
Triple tratamiento basado en claritromicina **IBP, claritromicina y amoxicilina (2 x día para todos los ATB)14Recomendado a menos que el paciente sea resistente o alérgico a alguno de los ATB
Cuádruple tratamiento basado en bismuto
(Pylera **)
IBP, bismuto, tetraciclina y nitroimidazol (4 x día para todos los ATB)10-14Recomendado cuando el paciente tiene valores altos de resistencia a la claritromicina, o antecedentes de empleo de macrólidos.
Tratamiento asociadoIBP, claritromicina, amoxicilina y nitroimidazol
(1 x día para todos los ATB)
10-14Inadecuado en pacientes con altos niveles de resistencia a la claritromicina o alergia a la ampicilina
Tratamiento secuencialIBP y amoxicilina, seguido de IBP, claritromicina y nitroimidazol
 (2 x día para todos los ATB)
7 luego 7Inadecuado en pacientes con altos niveles de resistencia a la claritromicina o alergia a la ampicilina
Tratamiento híbridoIBP y amoxicilina, luego IBP, amoxicilina, claritromicina y nitroimidazol (2 x día para todos los ATB)7, luego 7Inadecuado en pacientes con altos niveles de resistencia a la claritromicina o alergia a la ampicilina
Tratamiento triple basado en levofloxacinaIBP, levofloxacina (1 x día) y amoxicilina (2 x día)10-14Inadecuado en pacientes con alergia a la ampicilina
Tratamiento basado en terapia secuencial con fluoroquinolonaIBP y amoxicilina, luego IBP, levofloxacina y nitroimidazol (2 x día para todos los ATB)5-7 luego 5-7Problemas con adherencia al tratamiento, Inadecuado en pacientes con alergia a la ampicilina
Los IBP se deben administrar dos veces al día en las siete recomendaciones terapéuticas de primera línea y la dosis recomendadas son las siguientes: omeprazol, 20 mg; esomeprazol, 20 mg o 40 mg; lansoprazol, 30 mg; dexlansoprazol, 30 mg o 60 mg; pantoprazol, 40 mg; rabeprazol, 20 mg.
Las dosis recomendadas para los otros fármacos son: claritromicina, 500 mg; amoxicilina, 1 g; bismuto, 120 a 300 mg; tetraciclina, 500 mg; nitroimidazol,500 mg; metronidazol, 500 mg y levofloxacina, 500 mg.
† Los efectos adversos de todos los ATB son candidiasis, infección con Clostridium y reacciones alérgicas. Los efectos adversos especiales para algunos componentes del tratamiento son: para claritromicina, gusto anormal en la boca; para metronidazol, síntomas gastrointestinales, gusto metálico, efectos neurológicos (infrecuentes), posible reacción tipo disulfiram en pacientes que toman alcohol (si se lo emplea repetidamente o por tiempo prolongado) y acumulación en los huesos y dientes del feto cuando se los administra a mujeres embarazadas; para levofloxacina, síntomas gastrointestinales, efectos tóxicos en el sistema nervioso central (Advertencia “de caja negra” de la Food and Drug Administration [FDA] sobre los riesgos de delirio, trastornos de la memoria, desorientación, agitación, y trastornos de la atención), tendinitis y rotura tendinosa y prolongación del intervalo QT (y este fármaco se debe evitar en personas con miastenia gravis).
Los efectos adversos del empelo prolongado de los IBP son aumento del riesgo de infección con C. difficile, colitis microscópica, nefropatía, neumonía, demencia, gastritis atrófica y malabsorción del hierro, magnesio, calcio y vitamina B12.
‡ Este tratamiento fue aprobado por la FDA.
> Estrategias para abordar la resistencia a los antimicrobianos
Las guías de los E.E.U.U. sugirieron que los tratamientos que contienen claritromicina no se empleen cuando el nivel de resistencia a la misma es más del 25%, pero no hay datos ampliamente aplicables para informar sobre las características locales de la resistencia.
Un metaanálisis reciente de 178 estudios, con más de 66.000 cepas de todas las regiones de la OMS, evaluó la prevalencia y las tendencias de la resistencia del H. pylori a los ATB recetados con mayor frecuencia.
Las tasas de resistencia primaria y secundaria a claritromicina, metronidazol y levofloxacina fueron del 15% o más en todas las regiones, excepto para la resistencia primaria a claritromicina en las Américas (10%) y en el sudeste asiático (10%) y la resistencia primaria a levofloxacina en Europa (11%).
La prevalencia de resistencia primaria combinada a claritromicina y metronidazol fue del 19% en la zona oriental del Mediterráneo, pero fue menos del 10% en otras zonas. La resistencia primaria a amoxicilina y tetraciclina fue inferior al 15% en todas las regiones.
Las tasas de resistencia a los ATB fueron heterogéneas en los diferentes países y aparentemente la resistencia fue aumentando con el tiempo. Para todos los ATB, se hallaron asociaciones significativas entre el fracaso del tratamiento de erradicación y la resistencia detectada antes del tratamiento.
Un estudio de observación reciente mostró que solo en el 35% de los pacientes tratados por infección con H. pylori se efectuaron pruebas de seguimiento para confirmar la erradicación del H. pylori y que muchos pacientes que no respondieron al tratamiento habían vuelto a recibir la misma medicación.
Es esencial efectuar pruebas para comprobar la erradicación del H. pylori tras finalizar el tratamiento y emplear otra medicación cuando se comprueba que no se logró la erradicación.
En un estudio aleatorizado se mostró que la rifabutina era un tratamiento de rescate eficaz en pacientes con fracaso terapéutico que tenían infección con H. pylori resistente tanto a metronidazol como a claritromicina.
> Áreas de incertidumbre
Hacen falta datos para idear estrategias que mejoren el cumplimiento terapéutico de la politerapia necesaria para la erradicación. Algunos datos sugieren que los probióticos pueden disminuir la incidencia y la gravedad de los efectos colaterales de la antibioticoterapia.
Son necesarios más datos de estudios de observación sobre el tratamiento de la infección con H. pylori en zonas con gran prevalencia de infección y aumento de la incidencia de cáncer gástrico. Esta información podría ayudar a evaluar mejor los efectos del tratamiento de erradicación sobre el riesgo de cáncer gástrico.
Guías
Todas las recomendaciones de este artículo coinciden con las guías de ACG para la evaluación y tratamiento de la infección con H. pylori. Una recomendación importante de las guías de 2017 fue que todas las personas infectadas deben ser tratadas y después estudiadas nuevamente a fin de asegurarse del éxito de la erradicación.
Aunque las recomendaciones de otras guías generalmente son similares, varían algo debido a las diferencias regionales en la disponibilidad de los fármacos, la resistencia a los ATB y las tasas de cáncer gástrico.
Conclusiones y recomendaciones
La paciente descrita al comienzo recibió el diagnostico de infección con H. pylori, sobre la base de las pruebas serológicas de IgG. Hubieran sido preferibles pruebas más específicas, como el antígeno en la materia fecal o la prueba del aliento con urea a fin de determinar si tenía infección activa. Recibió inicialmente un tratamiento basado sobre claritromicina, que no mejoró sus síntomas.
Debido a su costo y facilidad, el autor recomendaría la prueba del antígeno en materia fecal para confirmar la presencia de infección activa y el fracaso del tratamiento basado sobre claritromicina. Si los resultados son positivos, estaría indicado un tratamiento diferente.
El fracaso del tratamiento inicial con claritromicina no es sorprendente, ya que la paciente proviene de Europa del este, zona que tiene un nivel de resistencia a claritromicina del 15% al 40%.
El tratamiento recomendable sería el tratamiento cuádruple basado sobre el bismuto durante 10 a 14 días, con una prueba ulterior efectuada 4 semanas después de la finalización del tratamiento (incluyendo el empleo de un IBP) a fin de confirmar la erradicación.
Resumen y comentario o objetivo: Dr. Ricardo Ferreira